Guía de apoyo psicosocial durante esta epidemia de coronavirus

Guía de apoyo psicosocial durante esta epidemia de coronavirus

 por OME

Guía de apoyo psicosocial durante esta epidemia de coronavirus ...

Nos ha llegado este coronavirus, de una amplia familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades respiratorias graves, como pueden ser algunos casos de afectados por el virus COVID-19, una nueva cepa no identificada anteriormente y transmitida de persona a persona. Sin vacuna ni tratamiento curativo, por lo que la mejor medida preventiva es evitar la exposición. La OMS y las autoridades de salud pública de todo el mundo están actuando para contener el brote de COVID-19. (Ver https://www.paho.org/es/temas/coronavirus/enfermedad-por-coronavirus-covid-19 ). Las mejores medidas para reducir la propagación del virus son la promoción de estrategias de higiene, el aislamiento y restricción del movimiento de las personas que podrían estar expuestas al virus, y el aislamiento de enfermos y medidas paliativas a los síntomas.

COVID-19, que toca todo el “cuerpo social”, tiene consecuencias psicosociales, y ante una situación de pandemia es común que las personas se sientan, al menos, estresadas y preocupadas. La epidemia y las medidas de control están llevando a un miedo generalizado en la población, y pueden conducir a la estigmatización social de los pacientes, de sus familiares y del personal sanitario, todo ello con sus consecuencias psicológicas. Hay consideraciones de salud mental que fueron elaboradas por el Dpto. de la OMS de Salud Mental y Uso de Sustancias, y por otras instituciones y sociedades científicas, con mensajes dirigidos a diferentes grupos clave para apoyar el bienestar psicosocial y la salud mental. Como señalaba Naomi Klein en “La doctrina del shock”, se trata de la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En estos momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en la emergencia diaria de sobrevivir a esa crisis, y confía en quienes están en el poder. Estaremos más seguros si tenemos una buena atención sanitaria, si nos cuidamos entre sí en la ciudadanía.

Esta guía surge ante la necesidad de dar una respuesta psicosocial y pretende ser un recurso de ayuda para las personas y organizaciones que intervengan sanitariamente o hagan el acompañamiento psicosocial con iniciativas para afrontar esta crisis. Será su objetivo minimizar el impacto psicológico en personas afectadas y familiares, profesionales sanitarios, personas con problemas psicológicos y en toda la población.

(*) Esta Guía está basada en la Guía de Intervención social-COVID19 elaborada desde el Grupo de Acción Comunitaria (GAC) y SiRa ( coordinacion@redsira.net ) en Madrid; en la Guía de la The National Child Traumatic Stress Network; las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud y específicas de la OPS; propuestas de OME (Asociación Vasca de Salud Mental), AEN y OSALDE (Asociación por el Derecho a la Salud)

Ejes de articulación

Desde un punto de vista psicosocial, existen algunos ejes indispensables para la protección de la salud mental.

  • Contextualización: Garantizar que las personas cuentan con información fiable y que les permita comprender y anticipar el entorno. Entender para actuar.
  • Sensación de control: Facilitar rutinas y estrategias para organizar la vida diaria y las tareas. Anticipar cambios o suspensión de actividades previstas y elaborar propuestas alternativas para aislarse sin detenerse.
  • Relación y pertenencia: Garantizar la “visibilidad” de todas las personas. Que el aislamiento en casa no suponga la ausencia de contacto con el entorno. Seguimiento y conseguir que las redes sigan funcionando. 
  • Tejido social y comunidadParticipación en iniciativas ciudadanas y facilitar espacios de apoyo mutuo y construcción de iniciativas colectivas.

Situaciones de riesgo psicosocial

Hay circunstancias, dentro de las vidas de las personas que, en una situación de estas características, pueden suponer mayores riesgos psicosociales, como son:

  • Personas dependientes a alcohol u otras sustancias adictivas.
  • Situación de calle; sin techo…
  • Movilidad reducida.
  • Ausencia de vínculos con los que mantener una comunicación activa.
  • Ausencia de recursos personales para el entretenimiento.
  • Baja capacidad o acceso a la tecnología.
  • Convivencia en entornos de riesgo (viviendas con violencia o aislamiento).
  • Dificultad para comprender el estado de alarma y en riesgo de incumplir.
  • Obligación de acudir a su puesto laboral.
  • Residir con persona violenta (repercusión en menores, personas mayores, mujeres, familia, vecindario…)
  • Ser personas menores o dependientes a cargo.
  • Soledad no deseada y ausencia de redes de apoyo.
  • Pérdida de puesto laboral
  • Precariedad económica y ausencia de recursos económicos.

Sin embargo, pueden ser población diana las personas afectadas (casos confirmados e ingresados en hospital, o aislados en el domicilio, o confirmados con síntomas en vigilancia activa en cuarentena en su domicilio); sus familiares y allegados; profesionales de los equipos de atención (personal sanitario y no sanitario en contacto directo con las personas afectadas); La comunidad en general.

Algunas reacciones en las personas ante una situación de epidemia/pandemia

Ante una situación de epidemia/pandemia, es habitual que las personas se sientan estresadas y preocupadas. Con reacciones esperables durante el periodo de cuarentena o aislamiento como:

• Miedo a enfermar y/o morir.

• Evitar acercarse a centro de salud por temor a infectarse, aunque no requieran atención.

• Temor a no poder trabajar durante la cuarentena o el aislamiento.

• Preocupación por no generar ingresos y/o ser despedido de su trabajo.

• Temor a ser excluido socialmente si es puesto en cuarentena, estigma por la enfermedad.

• Sentirse impotente por no poder proteger a sus seres queridos, y miedo a perderlos.

• Temor a la separación de sus seres queridos debido a la cuarentena o aislamiento.

• Sentimientos de impotencia, aburrimiento, soledad y tristeza.

• Miedo a vivir la experiencia de una epidemia previa u otras situaciones críticas.

Estas situaciones son estresantes, pero esta pandemia tiene algunos estresores específicos que pueden afectar, entre ellos:

• Riesgo de ser contagiado y contagiar a otros.

• Síntomas comunes con otros problemas de salud (fiebre, tos…) que pueden confundirse con COVID-19 y temer haber sido contagiado sin estarlo.

• Madres, padres y cuidadoras pueden preocuparse ante la suspensión de clases y necesidad de dejar en casa a los niños y niñas, sin la compañía y apoyos adecuados.

• Riesgo de empeorar de su salud física y mental en personas vulnerables y que dependen de cuidadores, caso de que estos sean puestos en aislamiento, y no cuenten con otros apoyos, como es el caso de personas mayores en situación de dependencia y personas con discapacidad.

Los trabajadores de primera línea en salud (enfermeras, médicos, auxiliares, conductores de ambulancia, trabajadoras de limpieza) pueden tener otros estresores adicionales en la pandemia:

• Riesgo de estigmatización hacia quienes trabajan con pacientes con COVID-19.

• Las medidas estrictas de bioseguridad tienen algunas consecuencias:

– Cansancio físico por el uso de equipos de protección personal.

– Aislamiento físico que dificulta dar confort y apoyo a quienes están afectados.

– Constante estado de alerta y vigilancia con procedimientos estrictos.

• Entorno laboral más demandante, con aumento de horas de trabajo y de pacientes.

• Pocas posibilidades para recurrir a su red de apoyo social por sus intensos horarios.

• Temor a contagiar a amigos y familiares al estar expuestos al virus por su trabajo.

El mantenido miedo, preocupación y los estresores en la población por el COVID-19 pueden tener consecuencias a largo plazo en las comunidades y familias como el deterioro de redes sociales, dinámicas locales y fuentes de ingresos económicos; el estigma de discriminación hacia grupos asociados al contagio, según su nivel económico, nacionalidad, etc. hacia personas contagiadas; desconfianza de la información dada por las autoridades; riesgo de discontinuidad de cuidados de las personas con trastornos de salud mental, etc.

También puede haber experiencias positivas en algunas personas, como encontrar formas de afrontamiento y resiliencia. Frente a crisis las personas pueden experimentar una gran satisfacción al ayudar a otros. Las actividades comunitarias durante un brote de COVID-19 puede incluir tanto mantener contacto con personas aisladas a través del teléfono o redes sociales como compartir mensajes con información veraz hacia quienes no usan las redes sociales.

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